Compromiso
Cuando nos pusimos a buscar estudios o encuestas que reflejaran la perspectiva que niños, niñas y jóvenes tienen de las instituciones escolares en las que son sumergidos durante 10 o más años (en ocasiones, hasta los 16 primeros años de sus vidas) nos sorprendió comprobar que no pudimos encontrar ninguno.
Los estudios y encuestas oficiales -sobre todo- reflejan indicadores como tasas de escolarización, volumen de alumnos atendidos y datos similares. Las organizaciones de docentes desarrollan estudios sobre la violencia en el aula, el malestar docente o la salud mental del profesorado, etc.
Pero no hemos encontrado ningún estudio que permita analizar la perspectiva de los usuarios del sistema escolar más allá del asunto del acoso escolar, que por otra parte tan grave resulta. Si alguno de vosotros conoce y comparte algún estudio o encuesta dirigida a los estudiantes que se adentre en su opinión o su percepción sobre el sistema escolar y/o su experiencia en él, os estaríamos muy agradecidos
Pero, ¿qué piensan los niños, niñas y jóvenes sobre la institución encargada de moldear sus mentes en los años en los que éstas son más fácilmente infuenciables? ¿Cómo la perciben? ¿Qué opinión les merece? A juzgar por la ausencia de estudios, parece que éste no es un asunto que interesante de investigar.
Sí hemos encontrado una investigación en el ámbito anglosajón en la que se realizó una encuesta a más de 65.000 estudiantes entre 9 y 18 años y a 2.000 madres y padres.
Los resultados de esta encuesta, por un lado, muestran una percepción muy diferentes entre estudiantes y los progenitores respecto a su percepción la calidad del aprendizaje.
Y, por otro, un dato muy significativo es que sólo el 10% de los estudiantes encuestados afirma que le gusta la escuela.
Antes de desvelar cuál es el estado de la cuestión en el interior de la escuela desde la perspectiva de los estudiantes, debemos desgranar algunas ideas.
¿Qué es el “compromiso del estudiante”? Si bien la motivación es el deseo interno o el porqué un estudiante quiere hacer algo, el compromiso del estudiante hace referencia a en qué se traduce esta motivación, qué hace, siente y/o inicia.
El compromiso del estudiante es un área de investigación que se inició en 1989 y los primeros resultados mostraron que el proceso de desencanto de los estudiantes en relación a los entornos escolares es un proceso largo y lento.
Una de las teorías de la motivación más influyentes en la actualidad es la teoría de la autodeterminación de Richard Ryan y Edward Deci, que viene a decir que, además de las necesidades biológicas básicas (comida, sueño, sexo,…), el comportamiento humano está modelado por necesidades psicológicas básicas, en concreto, autonomía (la necesidad de sentir control de su propias decisiones y acciones), competencia (la necesidad de sentirse eficaz y capaz) y relación (la necesidad de sentirse conectado a otros y pertenecer en contextos sociales).
Hoy en día, hay un consenso en que el estudiante es una realidad multidimensional que incluye compromiso comportamental, emocional y cognitivo.
La investigación ha definido, a partir de las respuestas de los estudiantes, 4 tipos de compromiso. Es importante hacer notar que estos tipos no son categorías que etiquetan a los estudiantes, sino que un mismo estudiante puede pasar de un tipo de compromiso a otro a lo largo de distintos momentos y que el compromiso de un estudiante puede cambiar muy rápido si el contexto también lo hace. Es por eso que utilizamos a continuación expresiones como “los estudiantes en tipo….” y no “los estudiante del tipo…”
Los estudiantes en tipo resistente utilizan el poder que tienen para hacer saber a docentes y progenitores que la experiencia escolar no está funcionando para ellos. Evitan o alteran el proceso de aprendizaje, rechazan realizar actividades, alborotan la clase o se ausentan. Estas señales, aunque obvias, revelan sentimientos de insuficiencia que pueden ser difíciles de entender y requerir un duro proceso.
Los estudiantes en tipo pasajero van al ralentí, aparentan, hacen lo mínimo y nunca están completamente involucrados en su trabajo. No les interesa lo que se les enseña.
Los estudiantes en tipo logro parece que están en la cima del compromiso. Están muy motivados y dedican mucha energía a hacer bien las cosas y estudian horas y horas. A los profesores les encantan y les animan a seguir. Pero son frágiles. El logro se reduce a las notas. Al poner el foco en la meta, fracasan en descubrir lo que les interesa. El halago sin fin les provoca aversión al riesgo. ¿Para qué arriesgarse si podrían fracasar?
Por último, los estudiantes en tipo explorador sí que están en la cima del compromiso, no sólo obtienen buenas notas; sobre todo son resilientes y construyen destrezas que les ayudan a prosperar. Logran los objetivos, pero no dejan de intentar nuevas cosas. Se sienten suficientemente seguros como para salirse de la pauta, utilizando de manera flexible sus destrezas para generar proactivamente sus ideas y resolver problemas en la escuela o fuera de ella. Están profundamente involucrados y comprometidos en su aprendizaje, encontrando sentido al trabajo intenso.
Como mencionamos previamente, este concepto de compromiso tiene varias dimensiones: lo que hacen los estudiantes (compromiso comportamental), lo que sienten (compromiso emocional) y lo que piensan (compromiso cognitivo). Estas dimensiones, aunque interrelacionadas, no siempre están presenten al unísono. Por ejemplo, puede haber estudiantes que comportamentalmente estén comprometidos, pero no así cognitivamente; o bien lo están cognitiva, pero no emocionalmente.
Pero en este compromiso puede haber una dimensión más, el llamado el compromiso iniciativo, mediante el que el estudiante contribuye constructivamente durante el proceso de aprendizaje. toma la iniciativa, propone sugerencias y aporta. Esta faceta era uno de los fundamentos de nuestra propuesta en ojo de agua.
La cualidad proactiva de este compromiso autónomo les resulta tremendamente útil para navegar en un entorno que cambia aceleradamente debido al avance tecnológico en el que para que los jóvenes prosperen necesitan buscar activamente el conocimiento y la ayuda que necesiten para resolver los problemas a los que se enfrentan.
Los estudiantes en tipo pasajero, por ejemplo, son participantes pasivos, su compromiso comportamental es mínimo, cumplen lo que les mandan, siguen instrucciones y se mantienen enfocados, pero no toman la iniciativa, ni están cognitiva ni emocionalmente comprometidos. La expresión que sintetiza su posició n es: “Estoy aburrido”.
Los estudiantes en tipo logro sí están comprometidos tanto comportamental como cognitivamente; por ello persisten cuando enfrentan a un desafío. Pero en la mayoría de los casos están desconectados, estresados y en riesgo de extenuación. Los estudiantes en este tipo se enfocan en lo que se les pide y ni participan ni influyen en el proceso. “Lo peor es cuando el profesor no es claro al explicar lo que tengo que hacer”.
Los estudiantes en tipo resistente, por el contrario, sí influyen en el proceso de aprendizaje mediante aportaciones y haciendo escuchar sus preferencias. Pero en una manera que no resulta constructiva para su proceso. Toman la iniciativa, pero desvinculada del aprendizaje. No se sienten comprometidos en ningún aspecto. “Me siento prisionero”.
Los estudiantes en tipo explorador están comprometidos comportamental, emocional y cognitivamente; incluso autonómamente. Participan, persisten, intentan vincular lo que aprenden con lo que les interesa. Buscan que sus experiencias de aprendizaje resulten más divertidas, relevantes e interesantes.
Conviene recordar de nuevo que estos tipos de participación son dinámicos, no etiquetas fijas. Y los estudiantes se mueven entre ellos dependiendo del contexto.
Los motivos por los que los estudiantes se desentienden de la escuela, afirma la investigación, varían según cada estudiante, pero están determinados por tres ámbitos: la familia, la escuela y el contexto social.
En los entornos de aprendizaje son cuatro los factores que dan forma a la motivación de los estudiantes:
1. Si los estudiantes perciben valor en lo que se les enseña se sienten más motivados y comprometidos, ya sea porque lo que están aprendiendo les resulta de valor para sus vidas, ya porque disfrutan de la experiencia o bien porque colaboran con personas con quienes mantienen relaciones significativas.
2. Los estudiantes pierden motivación y compromiso si no creen que puedan lograr un cometido. No se sienten suficientemente buenos para ello, porque el contenido es muy exigente y se sienten sobrepasados si no tienen el apoyo que necesitan.
3. Cuando los estudiantes tienen autonomía para tomar decisiones, por pequeñas que sean, sobre su proceso de aprendizaje, desarrollan un sentido de control sobre el proceso que les resulta motivador y satisface su necesidad psicológica de autoría de su propia experiencia.
4. El estado emocional de los estudiantes influye directamente en su motivación y compromiso. Si se sienten ansiosos, cansados, asustados tienen que limitar los recursos internos que dedican al aprendizaje, no descartando situaciones de acoso y/o discriminación.
¿Cómo saber cuál es el estado de la cuestión escolar desde el punto de vista de los estudiantes? Aunque parezca una perogrullada y, por tanto sea evidente, como no se hace, es necesario decirlo alto y claro: preguntarles.
Tal como propone Pedro Noguera: “Si hubiera voluntad de escuchar y pedir la opinión de los estudiantes, podríamos encontrar maneras de involucrarlos con más intensidad en su propio proceso educativo. Quizá ellos no tengan las respuestas adecuadas, pero si los invitamos a participar en conversaciones sobre cómo hacer de la escuela un medio menos alienante y más significativo, juntos podríamos encontrar maneras de superar los meros análisis superficiales y mejorar el fracaso de la escolarización”, tal como la conocemos.
Seguiremos analizando las diferentes facetas del compromiso.
NOTA: Este texto está basado en la obra de Jenny Anderson y Rebecca Winthrop , The disengaged teen. Helping kids learn better, feel better and live better.
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(1) Hemos traducido el término inglés “agency”, que significa “capacidad para actuar independientemente”, como iniciativa o autonomía.
(2) Noguera, P. A. (2004) Transforming high schools, Educational Leadership, 61(8), 26-31

