Contra el desencanto
En las respuestas de los estudiantes encuestados que comentamos la semana pasada, encontramos que menos del 10% de los estudiantes dicen haber vivido experiencias escolares que favorecen de manera habitual el tipo explorador.
Asimismo, describen que la mayoría de sus experiencias escolares favorecen los tipos pasajero (43%) y logro (38%). Un 12% las identifican con el tipo resistente y, lo más preocupante, solo un 7% de los estudiantes afirman haber vivido experiencias que promueven el tipo explorador.
Con la edad, estas diferencias se agudizan. A los 15 años, los estudiantes identifican sus experiencias escolares con el modo pasajero (50%), logro (30%), resistente (16%) y explorador (menos de un 4%).
Hay pocas diferencias en cuanto a los factores demográficos, lo que significa que muy pocos estudiantes consideran que sus escuelas les permiten desarrollar sus propias ideas o aprender cosas que estén conectadas con su vida en el exterior.
El 73% considera que lo que aprenden no está conectado con la vida fuera de la escuela.
El 70% considera que no tienen voz y voto sobre lo que viven en la escuela.
El 64% considera que no pueden desarrollar sus propias ideas en la escuela.
Menos de la mitad de los estudiantes a partir de los 11 años se siente parte de la comunidad escolar.
El 56% piensa que sus ideas y sugerencias no son respetadas en la escuela.
El 52% no se siente parte de la comunidad escolar.
El 52% considera que se utilizan más destrezas de memorización que de pensar.
El 51% cree que no hay tiempo para expresar sus propias ideas.
Según aumenta la edad, disminuye su aprecio por la escuela y consideran que aprenden menos.
Mientras que con 5 años, el 25% de los estudiantes declaran que no les gusta la escuela, a los 11 años este grupo aumenta hasta el 52% y a los 15 años, el 74%, casi tres de cada cuatro, se muestran hartos del instituto.
También es de interés mencionar que los estudiantes declaran que a medida aumenta su experiencia escolar, aprenden menos. Con 5 años, un 14% dice que no aprenden mucho en la escuela, con 11 años ya es un 33% de los estudiantes y con 15 años, un 66% declara que no aprende mucho.
Por otra parte, los progenitores sobreestiman la calidad de la experiencias escolares de sus hijos.
El 12% de los estudiantes identifican su experiencia escolar con el tipo resistente, pero sólo el 4% de los progenitores. El 43% de los estudiantes, pero sólo el 23% de los padres, perciben la experiencia como de tipo pasajero. El 38% de los estudiantes, en contraste con el 50% de los padres, definen la experiencia asimilada al tipo logro. Y el 7% de los estudiantes, frente al 25% de los padres, la describen como de tipo explorador.
Las familias también perciben un descenso tanto en el gusto por la escuela como en la sensación de aprender, aunque mucho más atenuado que en las respuestas de los estudiantes. En realidad, sobreestiman cuánto aprenden sus hijos en la escuela. Las diferencias de percepción son tan grandes que, en realidad, podría decirse que los progenitores están ciegos o no tienen ni idea del drástico descenso que se produce en la percepción del aprendizaje por parte de los estudiantes.
Entre las conclusiones del estudio están:
1. Las escuelas menosprecian a los estudiantes si no hacen un seguimiento regular de sus experiencias y compromiso. El desencanto no sucede de un día para otro. Si se hace un seguimiento de la opinión de los estudiantes es más probable que se pueda obtener una visión más completa de cuándo y por qué se produce el desengaño.
En la medida en que las escuelas tengan más capacidad para escuchar a los estudiantes sobre lo que no esta funcionando, con más facilidad podrán implementar cambios para evitar el desencanto de los estudiantes.
Los adultos, docentes y progenitores, suelen realizar análisis fiables sobre el comportamiento de los estudiantes, pero no necesariamente sobre si éstos están emocional o cognitivamente comprometidos. Muchos estudiantes en tipo pasajero (recordemos que son la amplia mayoría), por ejemplo, participan activamente en la vida escolar, pero en realidad permanecen en lo que podríamos denominar el exilio interior de la escuela.
Es recomendable investigar la perspectiva de los estudiantes y contrastarla con los datos administrativos y la opinión de docentes y familias, reflexionar sobre ello y compartir con estudiantes, docentes y familias los datos para conversar y desarrollar estrategias que puedan contribuir a mejorar la calidad de la experiencia de los estudiantes.
2. Las escuelas no ofrecen a los progenitores una visión amplia de la calidad de la experiencia y compromiso con el aprendizaje de sus hijos.
Como se ha visto en los datos, hay una disonancia entre la realidad percibida en torno a la calidad de la experiencia escolar y el compromiso del estudiante por parte de las familias y lo declarado al respecto por su hijos estudiantes. Compartir esa información es crucial para que las familias puedan entender mejor en qué situación se encuentra su hijo. Esto requiere construir una relación de confianza mutua entre docentes y familias. De hecho, las relaciones de confianza entre adultos, ya en la escuela, ya en casa, mejoran en diez veces varios factores, incluyendo el rendimiento académico.
3. Las escuelas limitan las oportunidades de acceso a las experiencias en tipo explorador de los estudiantes.
Cuando los estudiantes están interesados en lo que están aprendiendo es mucho más probable que inviertan tiempo, esfuerzo y atención en hacerlo bien, lo cual potencia su energia y repercute en otras clases o en profundizar más en sus propios intereses. Limitar la capacidad de los estudiantes de profundizar en sus propios intereses es simplemente una manera en la que las escuelas limitan las experiencias de exploración.
Pueden fomentarse las experiencias de exploración apoyando decididamente el desarrollo de los intereses de los estudiantes y/o hijos, ofreciéndoles más oportunidades de tomar la iniciativa y desarrollarla, así como rediseñando el centro de manera que se centre en la potenciación de experiencias de exploración.
Todo entorno de aprendizaje tiene un diseño, lo que significa que puede ser rediseñado para poner en el centro de manera intencionada las experiencias de tipo explorador, lo cual no significa tener que comenzar desde cero ni hacerlo sin contar con los diferentes grupos de interés involucrados.
Para prosperar en un mundo que es altamente impredecible, los jóvenes necesitan construir un amplio abanico de conocimientos, destrezas y actitudes. El desengaño que viven en relación con las instituciones escolares hace que esto sea más difícil. Experiencias de aprendizaje que verdaderamente comprometan a los estudiantes es la mejor manera de prepararlos para navegar y configurar su camino en la vida, ya sea en el trabajo, en la vida personal o en la participación social.
Tanto para sondear la percepción de los estudiantes sobre sus experiencias escolares y/o más ampliamente educativas, como para desarrollar herramientas de rediseño de experiencias educativas, podemos colaborar ofreciendo nuestra visión y amplia experiencia tanto para docentes como para asociaciones y familias.
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NOTA: Este texto está basado en la obra de Jenny Anderson y Rebecca Winthrop, The disengaged teen. Helping kids learn better, feel better and live better.

